La máscara del doctor

EL HOMBRE DEL ABRIGO

Media noche, un cielo nublado filtra la luz de la luna, llena, apenas se adivina su borroso perfil. Una oscura figura camina con paso firme hacia un antiguo edificio: "En ruinas" reza una pintada con spray en la fachada. Fácil de creer: tablones de madera apuntalados bloquean sus ventanas, grietas en la pared exterior, total oscuridad en el interior, ningún sonido. Ataviado con un largo abrigo de cuero y sombrero, ambos de color negro, mira hacia
atrás antes de cruzar la esquina por una ventana del piso inferior deslizando uno de los tablones.
Justo al entrar oye un ruido característico: movimiento de cadenas. Clava su vista en la habitación de donde procede el sonido, como si pudiera atravesar la estructura, con el ceño fruncido. "Quizás me demoré demasiado" piensa, se apresura ligeramente.

Se encamina hacia la escalera y comienza su ascenso, sereno, aparentando tener todo el tiempo del mundo. No es así. El sujeto parece empezar a despertarse y, aún amordazado, llamaría la atención lo suficiente como para que pudiera oírse desde fuera. "Desventajas de este edificio" se dice. Se recrea en cada escalón, el crujido de los tablones bajo sus pesadas botas, al fin llega. Ante él una puerta de madera gruesa, algo podrida, los goznes y el pomo corroídos y oxidados. Mete la mano en un bolsillo del largo abrigo negro en busca de la llave. Se toma unos segundos antes de introducirla en la cerradura. Su paciente le aguarda dentro.Se coloca su máscara, gira la llave lentamente y abre despacio la puerta. "Ahí estás" se dice, sonriendo.




PHILL

“Dios, qué…?”piensa mientras sus ojos se abren poco a poco, sus párpados parecen pesar una tonelada cada uno, la cabeza le da vueltas y le duele a rabiar, tiene la boca seca y los labios agrietados. Siente ardor en sus muñecas, pero también el frío tacto del metal, está engrilletado, si mueve levemente las manos, sus cadenas tintinean. Comienza a reaccionar, se pone nervioso. Al intentar ponerse en pie descubre un gran dolor en sus rodillas, entumecidas, magulladas, ensangrentadas. Está arrodillado, engrilletado de manos y pies de cara a una puerta de madera. Hace frío, su torso está desnudo y la humedad del ambiente le cala hasta los huesos. Intenta gritar, pero sólo consigue emitir un intento de grito, amortiguado por el pañuelo que tiene introducido en la boca, huele a producto químico “Cloroformo”, piensa. Empieza a recordar a una figura alta y completamente negra que le asaltó en aquel callejón cuando estaba con esa zorra… no tiene sentido, se aseguró de que no pertenecía a ninguno de los que controlaban a las prostitutas, ella se lo buscó, no hacía más que exhibirse desde que entró en el Charleston’s. ¡Qué diablos! La puta era lo de menos, estaba jodido, seguro que algún poli frustrado quería asustarle. “que le jodan! No lo va a conseguir” se dice, averiguará su nombre y recibirá su merecido, piensa. Oye pasos, su pulso se acelera, hace el intento de articular palabra, es inútil. Los pasos se detienen ante la puerta, tras unos segundos de silencio suena el mecanismo de la cerradura y, lentamente, chirriando un poco, la puerta se abre. Ante él aparece la figura que recordaba, con un largo abrigo negro, sombrero y una máscara blanca con el morro alargado, como el pico de un pájaro. Un escalofrío le recorre el cuerpo mientras el sudor le resbala por la frente, está paralizado, tiene un mal presentimiento, la sensación de que no saldrá de allí con vida “Dios mío…ayúdame” se dice, en el fondo sabe que es inútil, si Dios alguna vez tuvo potestad en ese lugar, se largó al mismo tiempo que el hombre del abrigo abrió la puerta.

-Saludos, Phill, lamento haberte hecho esperar, ¿te parece que comencemos?






EL HOMBRE DEL ABRIGO

El sujeto está paralizado, estupefacto, el atuendo cumple su cometido. Alarga la mano y saca de su boca el pañuelo con el que está amordazado.
-Ahora puedes hablar, no desperdicies este privilegio intentando alguna tontería como pedir ayuda. Úsalo para redimirte o descubrir por qué vas a perder la vida.
Esa última frase tiene un efecto devastador en el sujeto, su cara empalidece y comienza a temblar levemente. Intenta controlarse, fanfarrón hasta el final, cabrón despreciable… no le haría sentir remordimiento, esa escoria no se merecía vivir, parásitos, criminales, perturbados que usaban la corrupción a favor de sus macabros propósitos. Phill sería el primero, mandaría el mensaje. Sin piedad, sin escrúpulos, sembrando el terror, que todos sientan lo que ese bastardo sentía en ese momento.
-          ¿Prefieres simplemente temblar, Phill?
-          ¿P-Por qué…estoy aquí? ¿Qué vas a…?
-          Shh. No tan rápido. Sabes por qué estás aquí. O al menos deberías.
Agacha la cabeza. Claro que lo sabe pero ha estado tanto tiempo campando a sus anchas con impunidad que ni imaginaba que un día pagaría por ello. “Me repugna”. Parece sollozar, se ha derrumbado. “¿Asume lo que le espera?, ¿se arrepiente?, interesante”
-          Por tus actos te creía más duro y frío, no pretenderás arruinar tu reputación con tus colegas, ¿verdad?
-          …si vas a matarme…hazlo ya, por favor…
-          Ah… ¿cuántas veces habrás oído algo parecido de labios de una mujer mientras la violabas o torturabas? Dime, Phill, ¿cuántas?
Sus ojos se desorbitan por un momento, se preguntará cómo sé eso. Nunca lo sabrá. Levanta la cabeza para mirarme, se toma su tiempo en contestar. No hay prisa.
-          …Muchas…muchas veces…me lo suplicaron…tal y como yo quería…
La leve satisfacción que deja entrever que siente al decir esa frase le pone enfermo. “Es suficiente”

-          Podría empezar diciéndote cada uno de los nombres de tus víctimas, no obstante, como guardas un mechón de pelo y una foto de cada una de ellas con su nombre, daré por hecho que tu enfermizo comportamiento no pudo del todo con tu conciencia. Soy optimista, ¿estoy equivocado, Phill? ¿Esas fotos son tu penitencia, una forma de cargar con esas muertes o son trofeos? Elige bien las palabras, a estas alturas no te sirve de nada mentir y, créeme, sabré si mientes.






PHILL

El sonido de su voz tras la máscara es casi tan siniestro como su atuendo, habla clara y pausadamente, con voz grave. Sabe mucho de sus asuntos, sabe incluso lo de las fotos, su secreto más íntimo. “¿Qué eres, una especie de justiciero?”piensa, pero no lo dice en voz alta. Está jodido. No sólo el por lo que parece, pero no tendrá tiempo de avisar a nadie o sí, pero será un aviso muy diferente, se teme. Tal y como ha dicho es inútil mentirle, al menos por una vez podrá sentir que puede hablar de ello ‘libremente’. “Dios, no quiero morir” lo piensa en voz alta. Su captor le mira fijamente, como si esas palabras le irritaran sobremanera. Es inútil. Mueve sus labios para hablar. Le caen lágrimas por la mejilla, no por arrepentimiento, acepta lo que va a pasarle, se desahoga.

-          …M-Me… gusta mirar… las fotos y…saber q-que lo… último que hicieron en e-esta vida…fue…s-ser…mías…

Pronuncia las palabras con los ojos cerrados, no escucha pasos, por lo que asume que el enmascarado le ha escuchado atentamente, inmóvil ante él. El <click> de un botón le saca de su estado psíquico.
-          Acabas de confesar, Phill. Eso no cambia nada, pero ahora se sabrá que los crímenes no quedarán impunes. Habrá un culpable y un castigo y, ya que hablamos de ello, elige una de tus víctimas.

-          ¿Qué co…? ¡Tío estás mal, mátame ya! ¡¡Vamos!!

-          Relájate, si te empeñas en gritar será peor. Elige una o lo haré yo.

“No bromea, este psicópata escoge cada palabra, se lo toma con calma, lo ha pensado mucho” piensa. Es inútil no hacerle caso, sólo empeoraría las cosas. Aún más si cabe. Nombres, fotos, lugares y sentimientos le invaden. De pronto uno destaca: “Lindsay”, lo dice en voz alta. Ya está.

-          Una chica preciosa. Vino a buscar trabajo a la ciudad después de acabar sus estudios, en uno de los castings uno de los ojeadores de la organización le echó el ojo y dio el aviso. Tú también te fijaste en aquel local en el que la hicieron trabajar de prostituta, bajo amenazas. No lo soportaste, ¿verdad? Un día la secuestraste y tras violarla hasta que te pareció suficiente hiciste cortes por todo su cuerpo, sin que pudiera defenderse. Cuando la pérdida de sangre hizo mella la mataste a golpes.

Mientras el desconocido hablaba le invadían toda clase de recuerdos y sensaciones, le gustaba, recordaba cada corte en aquella chica, era tan bella… no quería que nadie más la tocara, sería solamente suya o de nadie más, como las anteriores… y las que vinieron después. Gracias a contactos bien escogidos mediante favores nunca se le atribuyó ninguno de los asesinatos, todo se arregló para que se archivaran o apareciese un culpable. Qué ingenuo pensar que nunca pasaría nada. Que todo eso no volvería. Un momento, ese tipo seguía hablando.


-          Acabas de elegir tu castigo, Phillipe.



TENIENTE  JHONSON

Otra mañana de mierda tomando un café de mierda en la misma comisaría de mierda, con los mismos compañeros de mierda. La mayoría incompetentes, el resto fáciles de comprar. Casi cada día aparecía el cadáver de alguna chica guapa “sin explicación aparente”, si había suerte se le etiquetaba de prostituta. Claro. Lo fácil, están distribuidas por toda la ciudad, la Red funciona a la perfección para que todo aquel que pueda permitírselo sacie sus depravaciones más secretas. Me dan ganas de vomitar. Han sabido captar bien a sus contactos: el alcalde, el jefe de policía, altos cargos judiciales… No se meten en el gobierno, no les interesa, se dedican a lo suyo y tienen bien cubiertas las espaldas. La ciudad es suya, pero se la prestan. De pena… Los pocos buenos policías que había se han resignado, al menos tienen un empleo y, ya que el crimen está “controlado”, con pocos riesgos. No está mal. Él mismo había aceptado el panorama y aprendido a ver, oír, callar y “sí, señor” .Le había funcionado un tiempo, pero la Red evolucionaba y ya no sólo eran chicas, ahora se ocupan de cualquier cosa, se jugaría el cuello a que pocas eran las excepciones, si es que las había. Pero el pasotismo estaba empezando a afectarle, mucho. Sentía una rabia que le hacía estar de mal humor a todas horas, estrés, la impotencia de no poder absolutamente nada sabiendo cuál es el problema y, saber que estaba prácticamente solo, nadie se movería para cambiar la situación. ¿Para qué? Le dirían, la ciudad es tranquila, la Red se ocupa de ocultar su ‘basura’, apenas hay pequeños delitos, ser poli es un chollo, solo hay que aprender rápido cómo van las cosas en el cuerpo. Menuda mierda. Ni siquiera el café es bueno, para una cosa que tienen que hacer estos… El teléfono de su mesa suena, el indicador luminoso encendido en la línea 1. “El jefe” se dice, algo extrañado, no solía llamar directamente, lo hacía su ayudante desde fuera de su despacho.
-          Teniente Jhonson, dígame.
-          Déjate de gilipolleces Jhonson, sabes que soy yo. Ven a mi despacho, ahora.
-          Eh…sí, señor, voy ahora mismo.
Cuelga. “¿Qué querrá esta vez ese cerdo? Espero que no me toque mucho los cojones, para recaditos ya tiene al lameculos de su ayudante.”
Tira el vaso de café vacío en la papelera y se dirige por un pasillo hacia el despacho de Preacher. Al llegar a la puerta observa que, asombrosa y a la vez misteriosamente, su ayudante no está en su mesa. Llama dos veces. “Pasa de una vez, Jhonson” escucha desde dentro. “Joder, solo oírle hablar y me dan ganas de soltarle un par de puñetazos, es un cerdo”piensa mientras pasa y cierra la puerta tras de sí.

-          ¿Qué es lo que pasa, Brian?

-          Han hallado muerto a Phillipe Barnes. Al parecer estaba colgado frente a la puerta del Romanov’s, según la primera inspección ocular presenta las mismas heridas y lesiones que la chica que encontramos en el callejón trasero del mismo local el mes pasado.

“Lindsay” no olvidaría el nombre de esa pobre chiquilla, Barnes se ensañó con ella más de lo habitual, al fin ese cabrón ha pagado por todo lo que ha hecho. “Me alegro. Mucho” Pero no podía ser cosa de la Red, era un buen cliente y alguien de renombre, no le expondrían en la puerta de uno de sus ‘locales de streptease’…

-          ¿Algún sospechoso, indicio o por dónde empezar?

-          Sinceramente, Johnson, nada. ¿Quién se atrevería con alguien que tiene tratos influyentes por la ciudad? Además de ser un conocido personaje público. Formaba parte del equipo de gobierno del alcalde, aunque eso ya lo sabes. Esto no se puede quedar sin resolver, Elías. ¿Entiendes a qué me refiero? Vas a investigar el caso y llegar al culpable. Cuando sepas quién es, házmelo saber. Nada más por ahora, teniente, ponte a ello de inmediato, ya se le asignará lo que sea que estuvieras haciendo a otro. Venga, largo de aquí.


Sale sin decir palabra, ve como regresa el lameculos de Preacher, su ‘ayudante’ si es que no era algo más que eso. Qué gilipollas… Pasa a su lado sin dedicarle siquiera una mirada. “Al fin pasa algo diferente, ¿quién habrá tenido los huevos de hacer lo que otros no hemos tenido? tengo que averiguar quién es, le debo al menos un apretón de manos y una sincera enhorabuena” Se ríe para sí, no sin esbozar una media sonrisa. Parece que el día se ha animado.




JEFE DE POLICÍA PREACHER

Coge el teléfono en cuanto Jhonson sale por la puerta y pulsa una serie de números.

-          Ya está en marcha, no se lo diría, pero mi mejor hombre está en ello. Sí, por supuesto, mi ayudante se ha ocupado de destruir esa cinta. No, no le he dicho nada a mi agente, ¿por quién me tomas? No soy ningún novato. Si, entiendo, adiós.

-          Clark!

-          ¿si, señor?

-          ¿Está hecho?

-          Está hecho, jefe.


-          Bien, veamos, léeme que tenemos en la agenda para hoy.



EL HOMBRE DEL ABRIGO


Estaba en su casa, sin el atuendo de ‘trabajo’, pero con los recuerdos muy presentes, podía verse aún en la oscura habitación, con sus herramientas, que ahora limpiaba concienzudamente, casi como un ritual, con respeto. Con cada pieza recordaba un momento, una imagen de la noche anterior. No había remordimientos, esa escoria no los merecía ni los provocaba. Gritó, suplicó que le matara en más de una ocasión, se encargó firmemente en que sufriese lo mismo que la chica que eligió: cada dolor, cada sensación, el agobio, la ansiedad, el miedo, el horror, el  sentimiento de que su vida ya no está en sus manos y le abandona poco a poco… termina con el último bisturí y lo coloca en su lugar en la tira de cuero junto al resto del instrumental. Revisa que todo esté en perfecto estado y enrolla el cuero sobre sí mismo, asegurando bien la hebilla que mantiene la forma. Lo pone a buen recaudo. Se dirige hacia una pequeña mesa y coge un dispositivo GPS, ha perdido la señal. “curioso, aunque, por otra parte,  era  lo esperado. El honorable Jefe Preacher se ha deshecho de la grabación. Lástima. No quiere colaborar. Estúpido peón, ese gordo se cree alguien entre ellos. Pobre…” Va hacia el perchero y coge una cazadora, tras asegurarse de haberlo dejado todo como debe, coge las llaves del apartamento y sale en dirección al Romanov´s. “Veamos quién se ocupa de esto, quizás haya suerte” se dice sonriendo.

2 comentarios:

  1. Jummm. Me gusta. ¿Es algo escrito suelto o con intención de continuar?

    ResponderEliminar
  2. Tiene intención de continuar, aunque aún no tiene un hilo argumental definido, estoy en ello.

    ResponderEliminar